domingo, 20 de noviembre de 2016

RESEÑA EN "VALLENEGRO"

"Ante todo, Memorias del mar es un poemario trabajado, pulido hasta el más mínimo detalle como una estatua grecolatina."
Así resume Miguel Luis Álvarez Memorias del mar, reseña que podéis encontrar aquí.

jueves, 17 de noviembre de 2016

SELECCIÓN: "Diez veces siete y una más"

Diez veces siete y una más. Ya sabes:
setenta y siete cabriolas, once
mujeres de cristal que se rompieron
en mí, y en mí se quedan enterradas,
calcinadas algunas, otras libres
de escogerse final. Yo, soportándolas,
muriéndome con ellas, como ellas
se morirán conmigo. Once mujeres
en donde estoy, salen a escena juntas
se despiden por mí con reverencias
teatrales, y acusan al misterio
de tenerlas con fuerza encadenadas
las unas a las otras. Yo renuncio
en su favor, a lo que me negasteis.
Ellas serán, así, mis sustitutas,
soportarán mejor el menosprecio,
y hasta quizás pondrán la otra mejilla
a vuestras manos sucias. No me importa
esa puesta en escena. Me despido
en voz baja o afónica, en la esquina
de la pena, con todos mis errores
alrededor. Que Dios os dé la vida
que merecéis, y a mí me dé el descanso
de no pertenecer a vuestro mundo
brutal, machista, hipócrita y cobarde.
Once mujeres os dirán que lloro
perdón y amor aún. Y, genuflexas,
esperarán que me aplaudáis la huida.

                     MARÍA BENEYTO

sábado, 12 de noviembre de 2016

Reseña en la revista Oculta

Gonzalo Gragera, poeta, reseña Memorias del mar para Oculta.
"En Memorias del mar hay dos despertares: el poético y el existencial o personal. La autora toma conciencia del objeto literario al tiempo que asume el discurrir de su reloj vital, el primer síntoma de que la madurez ha venido. Ambos descubrimientos se nutren y, mutuamente, se benefician el uno del otro. Pero no todo es elevación y solemnidad en la dicción y la temática, también hay lugar para la ironía (...)"

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Reseña en "Brújulas y espirales"

La primera reseña de Memorias del mar (Valparaíso Ed, 2016) ha llegado de mano de Francisco Martínez Bouzas en su blog "Brújulas y espirales":

"La poesía de Rocío Acebal es una muestra paradigmática  de la interrelación entre poesía e identidad femenina, creatividad poética y género. Sus versos abordan el deseo y su relación con la construcción de la identidad en torno a un sujeto-mujer, no tanto objeto de deseo, sino sujeto activo. Con miradas plurales y quizás subversivas para ciertos constructos sociales. Sus versos, teñidos con frescores juveniles, nos acercan una mirada atenta y al mismo tiempo explosiva y melancólica sobre la construcción de dicho sujeto que se hace tal también en el amor y en el deseo (...)"

miércoles, 19 de octubre de 2016

ARTÍCULO EN LA REVISTA "OCULTA"

He tenido el placer de poder colaborar en la iniciativa de los maravillosos poetas Diego Álvarez Miguel y Xaime Martínez, la revista online "Oculta". Podéis ver mi colaboración aquí.

"(...) Es, además, por ese compromiso que, cuando la sociedad se resquebraja, cuando las crisis morales y de principios asolan, la poesía puede referirnos al bagaje ético que yace bajo la superficie. Si logramos una expresión asentada en ideales sinceros, en formas de vida y no en consignas pasajeras, podremos sobrevivir a las debacles morales colectivas. La producción de una clase intelectual comprometida con la verdad y consciente de las diversas realidades puede reconstruir el pensamiento de una sociedad."


lunes, 5 de septiembre de 2016

MEMORIAS DEL MAR

Pronto llegará a librerías y ya está disponible en la tienda online de Valparaíso (aquí) mi primer libro, Memorias del mar. Para ir abriendo boca, dejo un poema.

EL CÍRCULO

La sábana escarchada de la arena
en tu mirar refleja el desgastado
recuerdo de otra aurora: el verde prado
testigo de pasión, la luna llena,

un cigarro, los gritos, tu melena,
su aliento de caballo desbocado;
de pronto, la tormenta del pasado
y tu rostro teñido por la pena.

Entonces, -sin ti- al paso de los años
un venturoso idilio en otra orilla,
una radio de fondo, el mismo tema;

el antiguo deseo, un gesto huraño,
los restos de salitre en mi mejilla,
la memoria del mar y este poema.

lunes, 22 de agosto de 2016

SELECCIÓN: "Afrodita"

Y está triste
como una silla abandonada
en la mitad del patio azul
Los pájaros la rodean
Cae una aguja
Las hojas resbalan
sin tocarla
     Y está triste
en mitad del patio
con la mirada baja
los pechos alicaídos
dos palomas tardas
Y un collar
sin perro
en la mano

          Como una silla vacía.

                               CRISTINA PERI ROSSI

lunes, 15 de agosto de 2016

"NO LO ENTIENDO PORQUE NO SOY MUJER": CONTRA EL CONCEPTO DE UNIVERSALIDAD

"No lo entiendo porque no soy mujer" oímos a menudo al hablar de la poesía escrita por mujeres, "no es universal". Parece sencillo comprender que la verdad masculina -proveniente de una identidad de poder, con voz y voto- no encaje en la temática femenina tradicional de silencio, vergüenza, privación de libertad y forzada pasividad frente al mundo. Sin embargo, si tal diferencia existe: ¿por qué la mujer ha de aceptar la poesía masculina como universal?, ¿son las verdades masculinas más importantes?, ¿más generales?

Que la mujer y sus problemas pertenecen al espacio privado no es ninguna novedad: sus preocupaciones no salen a la luz de las plazas públicas, no son considerados de todos sino asuntos meramente circunstanciales. Con esto en mente, todo cobra sentido, ¿cómo podría algo circunstancial ser una verdad universal?, ¿cómo podría apelar a todos? Pero cuando Emily Dickinson narra su descontento cara a asumir el "honorable oficio de mujer y de esposa", Irene Gruss lamenta "y mientras pasaban / sirenas y disparos, ruido seco / yo estuve lavando ropa, / acunando, / cantaba, / y la persiana a oscuras" o Carolina Coronado describe las burlas que sufre ("—Jesús, qué mujer tan rara. / —Tiene los ojos de loca. / (...)—Dicen que siempre está echando / relaciones ella sola. / (...) Más valía que aprendiera / a barrer que a decir coplas...") no vienen a reflejar situaciones particulares ni aisladas. Todo lo contrario: apelan a una realidad compartida por la práctica mitad de las personas, a una verdad colectiva.

Lo absurdo de la situación resulta evidente al invertir la premisa: "no lo entiendo porque soy mujer". Incluso un poema tan fálico como "The beautiful poem" de Richard Brautigan ("...Meando hace unas horas / llegué a mirar mi pene / con cierto afecto. // Saber que ha estado dentro / de ti dos veces hoy / me hace sentir hermoso.") es comprendido por ambos sexos. Al fin y al cabo, lo importante no reside en la experiencia concreta sino en su significado. Entonces, si -como parece logico- asumimos que cualquiera puede comprender y encontrar reflejo en la poesia masulina, blanca, heterosexual y cisgénero, es razonable inferir que el hombre blanco, heterosexual y cisgénero podrá hacer lo mismo en la de otras identidades. Por otra parte, si no aceptamos la primera premisa, no tendría sentido hablar de "universalidad" ya que el poema "universal" de una identidad sería incomprensible para las demás.

En conclusión, no confundamos la verdad hegemónica con las múltiples verdades colectivas, ni la poesía derivada de la primera con la poesía universal. Haciéndolo, estamos privando de riqueza al mundo y de libertad a las identidades oprimidas. Permitamos que los lectores futuros encuentren un espacio acogedor en los versos de hoy, abramos las puertas a las múltiples experiencias y aprendamos de la diversidad.

lunes, 8 de agosto de 2016

DIARIO DE UN PURETAS RECIÉN CASADO, Víctor Peña Dacosta


Diario de un puretas recién casado
Víctor Peña Dacosta
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2016

Víctor Peña Dacosta (Plasencia, 1985) recientemente despidió su soltería. Este dato, que podría parecer irrelevante o incluso inadecuado al hablar de poesía, toma relevancia desde un primer momento en la última obra del placentino, Diario de un puretas recién casado. Pero el curioso título no solo habla del estado civil de su autor; la referencia a Juan Ramón Jiménez es también una declaración de intenciones, una nota aclaratoria: Peña Dacosta ha hecho los deberes.

Coloquial, cercana y sorprendente, así podría definirse esta última entrega. Nos ofrece otra mirada hacia hitos de las relaciones amorosas como los votos nupciales ("Prometo con los dedos rectos serle / fiel de palabra y obra y esconder un mínimo / las carpetas del porno (...) Prometo traerle flores de vez en cuando / acordarme alguna vez de alguna fecha / no meter cosas sin tapar en la nevera...") sin miedo a apelar a la flamenca de whatsapp, al porno o a los emoticonos. Peña Dacosta busca lo hermoso en la realidad en lugar de inventar un espacio idílico de amor y flores, trayéndonos a menudo a la memoria los versos de "Canción de aniversario" de Jaime Gil de Biedma: "la realidad -no demasiado hermosa- con sus inconvenientes de ser dos".

Resulta curiosa la fuerte relación entre el amor y la política que encontramos en Diario de un puretas recién casado, pasando por la lucha contra el heteropatriarcado desde los gestos románticos ("y paguemos a medias, vida mía / acabemos juntos con tantos siglos / de opresivo patriarcado") o la comparación del "sacrificio conjunto" del amor con el comunismo ("Pero con ciertas garantías de éxito"), pasando por una de las mejores composiciones: "Si se puede...".

Aunque entre preparativos de boda y gestos de amor, el placentino también encuentra hueco para, sin abandonar nunca su característico humor, relatar los cambios de la madurez ("...supongo / que existe un yo distinto / en otra dimensión sin extra de queso"), y también a aquellas cosas que nunca parecen cambiar ("Me levanto como cuando estaba / soltero: empalmado pero jodido / de la nariz y la vida, cansado / de mi cuerpo y la lucha diaria / con los niños y la almohada").

En conclusión, el brevísimo segundo libro de Peña Dacosta viene cargado de ironía, sagacidad y buena poesía. Una lectura amena y muy recomendable.


SI SE PUEDE...

Sin más armas ni bandera

que mi pantalón de pinza negro
y mi polo pijo y rojo, reivindico
un anarquismo mainstream
en pos de la centralidad.

lunes, 1 de agosto de 2016

SELECCIÓN: "Si fuera al menos aquel terrible..."

Si fuera al menos aquel terrible,
el de la humillación a nada comparable,
año 1993
cuando no teníamos nada más
que el uno al otro.

Ojalá fuera aquel terrible,
aquel tantas veces terrible 1993.

Tendría todavía cinco años completos
para poder mirarte
y tenerte a mi lado.

                                  IZET SARAJLIC

lunes, 18 de julio de 2016

CONJUROS Y CANTOS, Sara Torres

Podéis ver mi reseña para Los diablos azules (infoLibre) aquí 

La otra genealogía (Torremozas, 2014) y Conjuros y cantos (Kriller71, 2016)

lunes, 27 de junio de 2016

SELECCIÓN: "Redención"

Dime una palabra amable antes de que termine el día.
Me dijiste “cariño, tienes que ser fuerte, no puedes
depender de esa gente, estás muy cansado,
olvídalos, ayúdame a recoger el lavavajillas”
y yo miraba la noche de octubre con sus estrellas
entrar en nuestra casa, iluminar nuestros cuerpos,
vaciar nuestras almas, y tú dijiste “cena algo,
hay un poco de arroz en el horno, cena algo, cariño,
come algo, y olvídate de todas esas ideas absurdas
sobre el odio y el fracaso, ese arroz está divino”
Dime una palabra amable antes de que termine el día.

                                                                                          MANUEL VILAS

lunes, 20 de junio de 2016

MEMORIA DEL PÁJARO, Jesús Montiel


Memoria del pájaro
Jesús Montiel
Ed. Hiperión
Madrid, 2016

"Al autor de este libro le gusta su vida. El problema es que su vida no le gusta a casi nadie." Así comienza Memoria del pájaro de Jesús Montiel (Granada, 1984), último ganador del Premio Hiperión. Y es que, ciertamente, la vida que relata el granadino a lo largo de los 32 poemas que componen el libro no es una experiencia que pudiera considerarse trepidante: ni aventuras fugaces en playas lejanas, ni viajes a uno u otro rincón del mundo ("Ya empiezo a echar de menos la aventura / de estar contigo en casa y con los niños"). Nos descubre, por el contrario, los milagros de la vida tranquila: el amor a lo largo de los años, las preguntas incómodas de un niño, los pequeños gestos de cariño, el paisaje a través de la ventana... Sin abandonar nunca el lenguaje de la cotidianidad, lo más mundano se transforma en una chispa de luz, por unos instantes el mundo está bien hecho. No hay poemas prescindibles o banales en este aspecto, ninguno falla en provocar un sencillo deslumbramiento.

Sin embargo, tampoco hay grandes emociones, fuegos artificiales por encima de las chispas. La vuelta constante sobre el aurea mediocritas doméstica puede terminar resultando reiterativa -el buen gusto, como bien apuntó Albert Camus, consiste en no insistir-. Por ello, llegan como una brisa de aire fresco los poemas sobre la cuestión social, más variados. Su gran acierto en este aspecto reside en huir de la proclama panfletaria, en situar la lírica siempre por encima de la consigna. Así, resuelve con soltura piezas sobre la crisis de refugiados, la escasez de agua en el tercer mundo ("Mira bien la botella que sujetas // No es justo que resulte tan sencillo.") o la clase política. Pero Memoria del pájaro nos recuerda que la crisis no sólo es económica, sino de valores. Si ya su reivindicación de la vida "fuera de la lógica del beneficio" bien podría por sí misma constituir una crítica a la sociedad moderna, varios versos la hacen explícita: el reflejo de una familia en la que "cada uno hace su vida después del microondas", de aquellos que prefieren los viajes a la comodidad y el cariño de un hogar, de la fugacidad de los intereses...

A Jesús Montiel le gusta su vida. Los lectores, sin duda, disfrutarán de su manera de contarla.


00:00

Ayer la oscuridad me visitó.

Hacía mucho frío delante del espejo.
La tarde era de abril.
Pero nevaba.

En medio de una máxima negrura
usé como linterna tu recuerdo
y fue mucho más fácil la paciencia:

las horas que duré sin alumbrado
pasaron menos lentas.
Y en medio de un invierno repentino
podía sin esfuerzo presentir
un eco de pisadas:
                                 tu beso andaba cerca.

La luz me sorprendió sobre las 00:00.
Volvías a mirarme.

lunes, 13 de junio de 2016

SELECCIÓN: "Poema XVI"

She rose to His Requirement—dropt
The Playthings of Her Life
To take the honorable Work
Of Woman, and of Wife—

If ought She missed in Her new Day,
Of Amplitude, or Awe—
Or first Prospective—Or the Gold
In using, wear away,

It lay unmentioned—as the Sea
Develop Pearl, and Weed,
But only to Himself—be known
The Fathoms they abide—

                        EMILY DICKINSON

*traducción de Lorenzo Roal

lunes, 6 de junio de 2016

EL BOSQUE SIN REGRESO, Antonio Rivero Taravillo


El bosque sin regreso
Antonio Rivero Taravillo
La isla de Siltolá. Colección Tierra
Sevilla, 2016

Coordinador de la revista sevillana Estación Poesía, traductor de numerosos poetas angloparlantes, autor de Lejos (La isla de Siltolá, 2011) y Lo que importa (Renacimiento, 2015) entre otros volúmenes de poesía, reciente ganador del Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías con Cirlot. Ser y no ser de un poeta único..., el nombre de Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) no pasa desapercibido en el mundo literario. Su última creación, El bosque sin regreso (Siltolá, 2016), tampoco lo hace.

Desmarcándose de la linea de sus dos últimos poemarios publicados, La lluvia (Renacimiento, 2013) y Lo que importa, hace gala de un gusto por la ironía y el sarcasmo entremezclados con un tono melancólico ("Me estoy desertizando porque tu no vienes. / Preveo inundaciones y desastres / como consecuencia de este calentamiento global"). La añoranza del tiempo pasado, una juventud retomada en las aceras de Dublín, o en un amor en ocasiones plácido, en ocasiones feroz, pero siempre bañado por el aura de lo que se sabe perdido, son temas recurrentes a lo largo de las tres secciones que componen esta extensa obra.

La gravedad oculta tras una aparente ligereza de ciertos versos nos trae recuerdos de Víctor Botas o Borges, mientras que otros apuntan directamente a Cernuda, entre otros referentes hispanoparlantes. Pero desde la dedicatoria misma, en la cual se recuerda a los personajes ficticios de Joyce Gretta Conroy y Michael Furey, podemos apreciar que la principal influencia de Rivero Taravillo se encuentra en la literatura anglosajona. Su labor como traductor se hace palpable no sólo en su estilo, sino también en las numerosos guiños a autores y paisajes ("Enviando un ejemplar de la Poesía Reunida de W.B. Yeats", "Tu nombre es Maud", "Extras").

Poemas como "Fidelidad", en el cual referencia traducciones como las de La dama de Shalott y otros poemas (Pre-textos, 2002) de Tennyson o Sonetos (Renacimiento, 2016) de Shakespeare (“Si el niño que admiraba Camelot / terminó publicando traducciones de Alfred Tennyson; / si el joven que leía con devoción a Shakespeare / puso en su lengua los Sonetos, y de paso / Venus y Adonis, Lucrecia y lo demás..."), entroncan con lo anterior y sirven de muestra de otra constante del libro: la experiencia personal en su forma más específica, que conduce acertadamente al terreno de la emoción universal.  Él mismo apuntará en una esclarecedora nota de autor que "[el protagonista poemático] converge mucho de lo que es mi mundo, pero también, porque aspira a ser poesía, se aparta de mi". Infrecuente en el panorama actual pero siempre grato es precisamente el interés de ese breve apéndice que culmina la obra, en el cual se prescinde de alabanzas banales a compañeros, amigos u otros compromisos, optando por unas breves aclaraciones al respecto del libro.

LA TAZA INTACTA

La mañana en que te conocí,
aunque a punto estuve de hacerlo,
no me atreví a invitarte a un café;
y te dejé marchar,
no sé si para siempre.

Aquel café que no tomamos juntos
cómo me quita hoy el sueño.

lunes, 2 de mayo de 2016

SELECCIÓN: "La razón que me impide dormir"

Las lágrimas revelan mis secretos en un río
donde hay tantas señales de belleza;
es un río que rodea jardines
y jardines que bordean el río;
entre las gacelas hay una humana
que posee mi alma y tiene mi corazón.
Esa es la razón que me impide dormir:
cuando suelta sus bucles sobre el rostro
parece la luna en las tinieblas de la noche;
es como si a la aurora se le hubiese muerto un hermano
y la tristeza se hubiese vestido de luto.

                                  HAMDA BANAT ZIYAD

lunes, 25 de abril de 2016

LOS ÚLTIMOS PERROS DE SHACKLETON, Ben Clark


Los últimos perros de Shackleton
Ben Clark
Sloper
Palma de Mallorca, 2016

Pocos poetas jóvenes cuentan con una trayectoria semejante a la de Ben Clark (Ibiza, 1984), premio Hiperion por Los hijos de los hijos de la ira (Hiperion, 2006), Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande por La mezcla confusa (Universidad Popular José Hierro, 2011), Premio de Poesía Joven Radio Nacional de España por Mantener la cadena de frío (Pretextos, 2012), su obra está representada en la reciente antología joven Re-generación (Valparaíso, 2016), entre otras: ahondar en las expectativas que suscitaba su nuevo poemario, por tanto, carece de sentido.

Los últimos perros de Schackleton es un relato atrevido y novedoso, que parte de la conocida expedición del anglo-irlandés Ernest Henry Shackleton como metáfora de la relación amorosa. Consecuentemente, el planteamiento de ésta es el de una aventura,  un empeño irracional pero inexorable que no entiende de adversidades ("avanzo hoy con el César y el pingüino / pensando cada cual en sus pasiones / con miedo sólo al miedo a lo difícil"). Los perros, único motivo de alegría, último entretenimiento, y su sacrificio como única forma de supervivencia completan la imagen: una vez muere el primer perro, se ha llegado a un punto de no retorno ("esperando el regreso / fracturándote poco a poco, tú / que todo lo entregaste. ¿Dónde estuve? / Estuve asesinando a nuestros perros.)

Llama poderosamente la atención la variedad de registros y miradas del poeta ibicenco, que sorprende con un imaginario poco común sin que ello comprometa la comprensión del poema. Esta originalidad queda patente, por ejemplo, en "Envídiame, yo puedo amarte aún" que plasma una sensación de naturalidad y urgencia a través de una renuncia casi total al uso del sustantivo (“Cuando tú y cuando entonces y después / y me dijiste y puede que si hubiéramos”). En pocas páginas avanza del absoluto desgarro y la desesperanza ("Negro mar, cementerio de tentáculos / asco y zozobra gel náufrago es más grande / que el mar...") a la admiración de los pequeños acontecimientos diarios y el hecho de estar vivo ("Es extraño vivir y beber zumos / sobre arenas doradas en septiembre / hablar con el objeto de tu amor") o a un acidísimo uso de la ironía, que encuentra su mayor expresión en "Darwin se acerca a Lady Macbeth un sábado noche".

Comenzaba diciendo que pocos poetas jóvenes cuentan con una trayectoria como la del poeta ibicenco a las espaldas. Aún menos son capaces de superar las expectativas que ésta suscita, pero Ben Clark lo ha conseguido: Los últimos perros de Shackleton es un paso más hacia la consolidación de una poética muy prometedora, que le sitúa como uno de los poetas jóvenes más destacados del panorama nacional.


YOU ONLY LOVE ONCE
(escuchando a Loussier en la cocina)

Cuida que estén visibles los rincones
-dijo una vez mi madre-;
no existe otro secreto para un aspecto limpio.

Desdeña el fuego lento,
compra un buen suavizante pero vasos baratos. 

No intentes comprender cuando estés triste.
Olvida, cuando puedas olvidar,
y no llames jamás más de dos veces
sin que nadie descuelgue al otro lado. 

lunes, 18 de abril de 2016

SELECCIÓN: "Intemperie"

Ni aquí ni en ningún sitio vale nada
tu dolor: es inútil, nos molesta.

Debes dejarlo fuera, con los perros

                        FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN

lunes, 11 de abril de 2016

ENTRE EL INFINITO Y EL CERO, Andres París


Entre el infinito y el cero
Andrés París
Poeta de Cabra
Madrid, 2015

Andrés París (San Cristóbal, 1995) es estudiante de bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Aficionado al teatro, a la filosofía y a la competición de Poetry Slam, cuenta ya con dos libros en su haber: Sonetos y velas vanguardistas (Círculo Rojo, 2012) y Entre el infinito y el cero.

Encontramos en su obra lo que su biografía adelanta: un autor jovencísimo aunque reflexivo, curioso, que vive las inquietudes e inseguridades de la primera crisis de madurez. A través de la imagen y la metáfora, París da vueltas a los conceptos de la vida, el tiempo, la ausencia y las relaciones familiares ("Será que mi madre hace demasiado, / mi padre lo que puede").

Marcado por un fuerte simbolismo, Entre el infinito y el cero peca de hermetismo, haciendo que ciertos poemas resulten llanamente indescifrables a pesar de tratar temática universal. Sin embargo, las composiciones de línea más clara nos acercan a reflexiones interesantes. En estas últimas no resultan infrecuentes los versos de tono aforístico ("El tiempo es relativo, / la luz absoluta") como punto central del poema, permitiendo un respiro en una lectura compleja.

Figuras como la del caballo o el gato se repiten a lo largo de la obra, dotándola de una sensación de conjunto, especialmente destacable dada la corta edad del autor. No existen, de hecho, reseñables diferencias entre las dos partes que conforman el poemario, "Cero" e "Infinito", más allá de la temática. La primera ofrece una mirada del mundo desde los ojos del poeta, que observa las relaciones de quienes le rodean; así abundan, por ejemplo, las referencias al hombre en oposición a la mujer y el padre en oposición a la madre ("mi madre, la paz"; "mi padre es minero / y suyo es lo interminable del pozo"). Más intimista, "Infinito", trata el amor o el paso del tiempo desde una perspectiva introspectiva aunque, curiosamente, más universal.

Entre el infinito y el cero no es, en conclusión, obra para los amantes de una línea clara ni para aquellos que busquen una lectura superficial. Resultará ideal, sin embargo, para quien disfrute del tono reflexivo y de la lectura atenta y entregada del poema.


SENCILLEZ

Es todo tan sencillo.

El hospital de enfermos terminales
el tanatorio
y la incineradora,
enlaces de un solo puente.

Y el mar,
rodeándolo todo.


*Para adquirir el libro pueden seguirse las instrucciones aquí detalladas.

lunes, 4 de abril de 2016

SELECCIÓN: "Filemón a Baucis"

                                  y no era posible amar
                                   entre unas calles donde todo era sucio.
                                  JAVIER EGEA

Ya siento caer la última noche
en el templo. Déjate la piel
sobre la mía bajo los tilos:
por fin los dioses han olvidado
las luces de los días ajenos
a tu tacto, aquellos cuando yo
no soy yo mismo
                           y no te quiero.

                        SARA A. PALICIO

lunes, 28 de marzo de 2016

LOS DONES DEL OTOÑO, José Cereijo


Los dones del otoño
José Cereijo
Pre-textos
Valencia, 2015

José Cereijo (Redondela, 1957), autor de  cinco libros de poemas y uno de relatos, nos muestra en Los dones del otoño la visión de un poeta maduro a través de la elegía como una muestra tardía de admiración, la serena observación de la vida y sus eventos y la contraposición de lo fugaz y lo perecedero ("una vida que calla, pero que es verdadera / -más que el fugaz bañista, más que el barco- / y sigue, sigue siempre").

Aun careciendo de una división establecida, podemos distinguir dos partes: los primeros seis poemas, los únicos que poseen título, parecen pertenecer a una etapa diferente de escritura. Sin embargo, la continuidad y la unidad del libro son evidentes. No es, quizá, obra adecuada para el que busque la sorpresa, un abundante número de registros o una gran variedad temática. Pocos asuntos ocupan los versos de Cereijo, que parece observar cada una de las caras de sus temas.

El constante asombro ante la belleza del mundo ("hospitalarias son todas las cosas / que existen...") es la base de la mayoría de los poemas. En palabras del autor: "...sus ojos que descifran / sin trabajo esa luz, y la reflejan / sin exaltarla ni disminuirla, / exactamente como es". Aunque a veces posea un tono meramente descriptivo, esa descripción de las pequeñas cosas suele servir como pretexto para elaborar reflexiones sobre la vida, la muerte, la eternidad. Así, una estrella entre las sombras, una flor en un vaso, las ramas de un árbol, la luz del crepúsculo o de la luna conducen a finales de tono aforístico que vienen a mostrar las lecciones de la madurez.

La mayor virtud de la poesía de José Cereijo es su capacidad para dotar a cada palabra de peso. Con poemas breves e imágenes precisas, pocos versos podrían considerarse prescindibles. Pero la clave de esta exactitud se encuentra tanto en las palabras como en los silencios: las certeras pausas labran gran parte de la expresividad.

Los dones del otoño es muestra de madurez poética y vital, de comprensión y asombro por la vida, un agradable conjunto de poemas certeros.


UNAS POCAS PALABRAS
en la frontera misma del silencio,
como las que se retiran, discretas, cuando es hora
de que los cuerpos hablen.
Unas pocas palabras: signos,
indicios solamente. Un poco
de aire conmovido
entre la mano y la página.
Es bastante. Es incluso demasiado.

lunes, 14 de marzo de 2016

SELECCIÓN: "Mientras tanto"

Consecuente, ella empezó a lavar su ropa.
Puso agua en un balde
y agitó el jabón, con un sentimiento ambiguo:
era un olor nuevo y una nueva certeza
para contar al mundo.
Mirar cómo se rompen las burbujas", dijo,
"no es más extraño que mirarse a un espejo".
Creía que hablaba para sus papeles
y se rió, mientras tocaba el agua.
La ropa se sumergía despacio, y
la frotaba despacio, a medida que
iba conociendo el juego.
Decidida,
tomó cada burbuja de jabón
y le puso un nombre; era
lo mejor que sabía hacer hasta ahora,
nombrar, y que las cosas
le estallaran en la mano.

                          IRENE GRUSS

lunes, 7 de marzo de 2016

LA VÍSPERA, Rodrigo Olay


La víspera
Rodrigo Olay
La isla de Siltolá
Sevilla, 2014

    Nadie que hubiera leído Cerrar los ojos para verte (Universos, 2011) podría haber tenido bajas expectativas para el siguiente libro de Rodrigo Olay (Noreña, 1989). Lo último del asturiano, en efecto, no defraudó. La víspera, reciente Premio de la Crítica de Asturias (galardón que ya obtuvo con su primer poemario), ha asentado a Olay como uno de los mejores poetas jóvenes del momento (prueba de ello es su hueco en la antología Re-generación de José Luis Morante).

    No hay un hilo temático definido más allá de la experiencia personal, verídica o falsa ( “Ya sé lo que escribí/ pero mentía”). Aunque predominan los poemas amorosos, también encontramos metapoesía e insistentes miradas a la vida pasada ("y volvían las bicis y ya eran vacaciones/ y de regreso a casa echábamos carreras"). El humor o la sorpresa (claro ejemplo de esto es “Cárcel de amor”), son compañía asimismo a lo largo del libro. Y se agradecen. La más breve composición "El poeta recuerda atribulado un verso de Fernando Ortiz ante la mesita de novedades en la sección de poesía de una céntrica librería", habrá sacado una sonrisa a todo aquel que esté al tanto de los últimos súper-ventas.

    Pero a la altura del fondo está la forma: si en Cerrar los ojos para verte se palpaba un carácter de ejercicio, La víspera es un innegable tour de force. Olay da un paso más en el descubrimiento de su voz en una obra plagada -como la anterior- de referencias veladas y explícitas. Nos encontramos a un ávido lector con maestros como Miguel D'Ors, Ángel González, Víctor Botas, José Luis Piquero, Javier Almuzara o Jorge Luis Borges. Reprochar ciertos ecos a un poeta joven sería prueba de necedad: este conocimiento de la obra ajena -indudablemente amplio- y la reivindicación de la tradición, tan necesaria, son sin duda virtud. Así es, también, el uso de la forma clásica: hallamos haikus, sonetos (destaca "Trabajos de seducción perdidos fue tu vida", que nos trae un recuerdo de Machado), décimas...

    Si bien en algunos poemas el sentir termina por caer en el sollozo vacío o trivial, y en otros los ecos se convierten en el brillo central de la composición -beber de lo conocido es importante, aportar el propio hallazgo es necesario-, los abundantes aciertos sobrepasan los fallos. La víspera es una lectura recomendable y, sobre todo, una promesa: promesa de una voz más personal, promesa de un poeta joven que puede convertirse en mucho y, más que nada, promesa de un próximo libro interesante -¿qué más puede pedirse?


BEAT GENERATION

                      A José Luis Sevillano

Escapar. La carretera.
El Chevrolet. Algún disco
y algún libro. San Francisco.
Lucky Strike. La camarera
de otro bar. La noche entera
despiertos. Ácido. El mar.
Miles Davis. Corea. Aullar
al horizonte. Escribir
porque vamos a morir
pero pudimos amar.

          RODRIGO OLAY

lunes, 1 de febrero de 2016

SELECCIÓN: "Biografía", José Luis Piquero

Tras el pasillo al fresco, la escalera
y el sol que nos bañaba de repente.
Entonces en la hierba el barro se secaba
y no dejaba rastro que no llevase al río.

¿Tú crees que un río nace en cualquier sitio?
Anda tonta -decías.
Y yo no contestaba, sonriendo.

Pues tantas hojas verdes, tanto musgo,
y el sonido del agua entre los chopos,
las voces apagadas bajo el cielo,
el sol en las espaldas y aquella luz tan alta.

Luego acechar la casa desde el puente,
como quien está lejos y recuerda,
mientras la vieja casa subsistía
y yo soy una niña que no existe.

                          JOSÉ LUIS PIQUERO

lunes, 18 de enero de 2016

POEMAS Y POEMARIO

Al igual que mis compañeros Mario Vega y Lorenzo Roal, medito últimamente sobre el concepto de poemario. Coincido plenamente con la reflexión de éste último al respecto del poema como significante parcial:
En su ensayo sobre teoría poética, Dámaso Alonso reevalua y apuntala la semiótica de Saussure incluyendo los significantes parciales que, sobre todo en poesía, completan el estudio del signo de un poema, porque cada uno otorga significados parciales que enriquecen el significado total. Continuando ese pensamiento, aun siendo un significante total el poema, una unidad básica, este a su vez –en mi opinión– puede ser un significante parcial de un orden superior que es el libro.
Un poema debe ser expresión inalterable y precisa de aquello que pretende contar y, por tanto, individualmente necesario y autosuficiente. En consecuencia, la composición que pierde su valor al ser sacada de contexto -de su libro-, careció de valor desde un primer momento. Sin embargo, el valor del poemario no viene determinado únicamente por la suma de las unidades que lo forman, sino también por su correcto orden -temático, temporal, tonal-, acertada selección de citas, y unidad y coherencia generales. El buen poemario estará inacabado mientras no se haya hallado la forma exacta de expresar aquello que debe ser expresado y ningún poema pueda ser añadido o retirado sin desmejorar el conjunto. Es el carácter inamovible, esa expresión precisa que no podría tomar otra forma, lo que determina el libro necesario. Así, lejos de utilizarse el bien del conjunto como justificación para las carencias individuales, este bien exije la calidad de todos los significantes.

Mi propia poesía se ha conjugado en un libro que no termina de encontrar su final y que, con el tiempo y la reflexión, no hace sino reducirse. Recuerdo a menudo un consejo que hace no demasiado me dieron: haz un poema por cada doscientos que leas, y rompe diecinueve de cada veinte que escribas. A pesar de mi frenética producción, que ha alumbrado más de medio millar de composiciones en los últimos tres años, no llegan a treinta las que conforman mi proyecto de poemario. Sin embargo, esta pulcritud me permite un orgullo hasta ahora desconocido.

No niego que me gustaría publicar. Sin embargo, soy cada vez más consciente del poco valor que tendría dar a luz una obra innecesaria. Formar una suerte de biblioteca de Babel, amplia pero cargada de obras vacías y puntuales hallazgos, dejó de ser mi fin hace tiempo. Hoy comprendo que el reconocimiento otorgado por las tapas de un libro, sólo es satisfactorio a corto plazo: la plenitud personal del artista se logra a través de una obra certera.

sábado, 2 de enero de 2016

COMPAÑEROS DEL CRIMEN, Gema Palacios


Compañeros del crimen
Gema Palacios
Paralelo, Colección Phnom Penh
Madrid, 2014

Gema Palacios (Zaragoza, 1992) es graduada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid y cuenta con un máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid. A pesar de su juventud, está ultimando su tercer poemario, Treinta y seis mujeres, y ha publicado ya Morada y Plata (Ebediziones, 2013), además del libro que nos ocupa: Compañeros del crimen (Ediciones Paralelo 2014).

   A través de cuatro secciones ("Antecedentes penales", "Cómplices", "Violencia contenida" y "16 veces el crimen"),  nos sumergimos en dos viajes: el camino de niña a mujer, y del conjunto a la persona a través de una piel que va progresivamente diluyéndose. Si bien existen diferencias entre los diversos tramos, fundamentalmente temáticas y de tono, los poemas forman un continuum y un volumen absolutamente cerrado.

    Destacan la cercanía y la franqueza de la obra (siempre me han picado los jerseys de lana / el encaje en las ingles / los hombres que se van cuando les quieres) que, junto al simbolismo que copa numerosos versos, la dotan de un equilibrio complicado pero indudablemente agradable. Lo erótico y lo sexual son recurrentes, atacados desde numerosos puntos de vista, más o menos íntimos en función de su localización en el libro. El amor, tratado habitualmente como forma de libertad y no necesariamente ligado al sexo, y el conocimiento personal, conforman el tridente que sostiene la obra. El lenguaje, si bien parte de un código poético común, gira en torno a un imaginario personal. La autora logra la sensualidad de la palabra a través de un léxico poético pero cotidiano y de un frecuente juego con la ambigüedad y el uso de la metáfora. Otro rasgo característico, que nos remite al conocimiento de otros autores y tradiciones, es el uso del español de argentina (palpable principalmente en la utilización del pronombre "vos").
 
   Encontramos un amplio espectro de imágenes, sazonadas por una visión indudablemente joven y, consecuentemente, rebelde. Aún enlazando con la tradición "femenina" (se cita a Alejandra Pizarnik, por ejemplo), la autora no cae en el hermetismo que en ocasiones ésto conlleva: a través del lenguaje y un trato de la experiencia que permiten mantener la universalidad de sus versos, incluso al tratar temática aparentemente más restrictiva como la masturbación (pero el placer es tan fácil como abrirse y cerrarse / hasta que las fuerzas no), logra una voz indudablemente femenina y, también, comprensible para todos.

    El dominio de la métrica por parte de la autora es evidente, sin embargo, Gema Palacios elige renunciar al esquema tradicional en la mayoría de sus textos, dejándose llevar por su propia intuición rítmica. Esa elección es, precisamente, uno de los pilares de su calidad: contando con un amplio rango de influencias, estilos y conocimiento, elige qué aplicar en cada momento; no rompe por capricho ni, como es frecuente en los poetas de su generación, por ignorancia. Así, y sin apartarse en ningún momento de su propia música, evita la puntuación (no encontramos a lo largo del poemario una sola coma o un punto), que sustituye por una singular disposición del verso sobre el papel, y rompe frecuentemente con la sintaxis. Sin embargo, tras su expresión aparentemente espontánea y casual, se puede apreciar un gran trabajo: ninguna palabra sobra, ni podría aceptar un orden diferente al que posee, nada ha quedado al azar (tal es su control de la concepción musical del poema que, en "Amordeazar", llega a indicar mediante un pie de página la pronunciación necesaria para la palabra "mer").

    A la manera en que la juventud de Gema Palacios resalta aún más la precisión y madurez de su obra, la reciente creación de la editorial Paralelo nos permite sorprendernos por el cuidado y el buen gusto de su edición. Compañeros del crimen incita a una lectura íntima pero en voz alta, para exaltar el ritmo y mantener la atención plena que, sin duda, el libro nos sólo requiere sino que merece.


ENDECAPÉTALOS

soy la noche que va rompiendo flores

       y busca chocolate en la nevera



el pétalo que anhela ser

mordido

                la flor que se convierte en otra

cosa

                la cosa que orquesta en un

estruendo

                la vida que se trunca por el tallo



brindo     y paladeo     y tus ojos

   celebran     el diluvio     la tormenta



   vamos a ver qué hacemos con las uñas



habrá que persistir:

                                  morir aullando.