sábado, 16 de abril de 2016

SELECCIÓN: "Lo oculto"

Por cuanto hice y por cuanto dije
que no traten de encontrar quién era yo.
Un obstáculo se alzaba y transformaba
mis acciones y mi modo de vivir.
Un obstáculo se alzaba y me detenía
muchas veces cuando iba a hablar.
Mis acciones más inobservadas
y mis escritos más ocultos
-sólo por allí me entenderán.
Mas acaso no vale la pena gastar
tanta atención y tanto esfuerzo para conocerme.
Más tarde -en la sociedad más perfecta-
algún otro, hecho como yo,
ciertamente surgirá y actuará libremente.

                        CONSTANTINO KAVAFIS

lunes, 11 de abril de 2016

ENTRE EL INFINITO Y EL CERO, Andres París


Entre el infinito y el cero
Andrés París
Poeta de Cabra
Madrid, 2015

Andrés París (San Cristóbal, 1995) es estudiante de bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Aficionado al teatro, a la filosofía y a la competición de Poetry Slam, cuenta ya con dos libros en su haber: Sonetos y velas vanguardistas (Círculo Rojo, 2012) y Entre el infinito y el cero.

Encontramos en su obra lo que su biografía adelanta: un autor jovencísimo aunque reflexivo, curioso, que vive las inquietudes e inseguridades de la primera crisis de madurez. A través de la imagen y la metáfora, París da vueltas a los conceptos de la vida, el tiempo, la ausencia y las relaciones familiares ("Será que mi madre hace demasiado, / mi padre lo que puede").

Marcado por un fuerte simbolismo, Entre el infinito y el cero peca de hermetismo, haciendo que ciertos poemas resulten llanamente indescifrables a pesar de tratar temática universal. Sin embargo, las composiciones de línea más clara nos acercan a reflexiones interesantes. En estas últimas no resultan infrecuentes los versos de tono aforístico ("El tiempo es relativo, / la luz absoluta") como punto central del poema, permitiendo un respiro en una lectura compleja.

Figuras como la del caballo o el gato se repiten a lo largo de la obra, dotándola de una sensación de conjunto, especialmente destacable dada la corta edad del autor. No existen, de hecho, reseñables diferencias entre las dos partes que conforman el poemario, "Cero" e "Infinito", más allá de la temática. La primera ofrece una mirada del mundo desde los ojos del poeta, que observa las relaciones de quienes le rodean; así abundan, por ejemplo, las referencias al hombre en oposición a la mujer y el padre en oposición a la madre ("mi madre, la paz"; "mi padre es minero / y suyo es lo interminable del pozo"). Más intimista, "Infinito", trata el amor o el paso del tiempo desde una perspectiva introspectiva aunque, curiosamente, más universal.

Entre el infinito y el cero no es, en conclusión, obra para los amantes de una línea clara ni para aquellos que busquen una lectura superficial. Resultará ideal, sin embargo, para quien disfrute del tono reflexivo y de la lectura atenta y entregada del poema.


SENCILLEZ

Es todo tan sencillo.

El hospital de enfermos terminales
el tanatorio
y la incineradora,
enlaces de un solo puente.

Y el mar,
rodeándolo todo.


*Para adquirir el libro pueden seguirse las instrucciones aquí detalladas.

lunes, 4 de abril de 2016

SELECCIÓN: "Filemón a Baucis"

                                  y no era posible amar
                                   entre unas calles donde todo era sucio.
                                  JAVIER EGEA

Ya siento caer la última noche
en el templo. Déjate la piel
sobre la mía bajo los tilos:
por fin los dioses han olvidado
las luces de los días ajenos
a tu tacto, aquellos cuando yo
no soy yo mismo
                           y no te quiero.

                        SARA A. PALICIO

lunes, 28 de marzo de 2016

LOS DONES DEL OTOÑO, José Cereijo


Los dones del otoño
José Cereijo
Pre-textos
Valencia, 2015

José Cereijo (Redondela, 1957), autor de  cinco libros de poemas y uno de relatos, nos muestra en Los dones del otoño la visión de un poeta maduro a través de la elegía como una muestra tardía de admiración, la serena observación de la vida y sus eventos y la contraposición de lo fugaz y lo perecedero ("una vida que calla, pero que es verdadera / -más que el fugaz bañista, más que el barco- / y sigue, sigue siempre").

Aun careciendo de una división establecida, podemos distinguir dos partes: los primeros seis poemas, los únicos que poseen título, parecen pertenecer a una etapa diferente de escritura. Sin embargo, la continuidad y la unidad del libro son evidentes. No es, quizá, obra adecuada para el que busque la sorpresa, un abundante número de registros o una gran variedad temática. Pocos asuntos ocupan los versos de Cereijo, que parece observar cada una de las caras de sus temas.

El constante asombro ante la belleza del mundo ("hospitalarias son todas las cosas / que existen...") es la base de la mayoría de los poemas. En palabras del autor: "...sus ojos que descifran / sin trabajo esa luz, y la reflejan / sin exaltarla ni disminuirla, / exactamente como es". Aunque a veces posea un tono meramente descriptivo, esa descripción de las pequeñas cosas suele servir como pretexto para elaborar reflexiones sobre la vida, la muerte, la eternidad. Así, una estrella entre las sombras, una flor en un vaso, las ramas de un árbol, la luz del crepúsculo o de la luna conducen a finales de tono aforístico que vienen a mostrar las lecciones de la madurez.

La mayor virtud de la poesía de José Cereijo es su capacidad para dotar a cada palabra de peso. Con poemas breves e imágenes precisas, pocos versos podrían considerarse prescindibles. Pero la clave de esta exactitud se encuentra tanto en las palabras como en los silencios: las certeras pausas labran gran parte de la expresividad.

Los dones del otoño es muestra de madurez poética y vital, de comprensión y asombro por la vida, un agradable conjunto de poemas certeros.


UNAS POCAS PALABRAS
en la frontera misma del silencio,
como las que se retiran, discretas, cuando es hora
de que los cuerpos hablen.
Unas pocas palabras: signos,
indicios solamente. Un poco
de aire conmovido
entre la mano y la página.
Es bastante. Es incluso demasiado.

lunes, 14 de marzo de 2016

SELECCIÓN: "Mientras tanto"

Consecuente, ella empezó a lavar su ropa.
Puso agua en un balde
y agitó el jabón, con un sentimiento ambiguo:
era un olor nuevo y una nueva certeza
para contar al mundo.
“Mirar cómo se rompen las burbujas", dijo,
"no es más extraño que mirarse a un espejo".
Creía que hablaba para sus papeles
y se rió, mientras tocaba el agua.
La ropa se sumergía despacio, y
la frotaba despacio, a medida que
iba conociendo el juego.
Decidida,
tomó cada burbuja de jabón
y le puso un nombre; era
lo mejor que sabía hacer hasta ahora,
nombrar, y que las cosas
le estallaran en la mano.

                          IRENE GRUSS

lunes, 7 de marzo de 2016

LA VÍSPERA, Rodrigo Olay


La víspera
Rodrigo Olay
La isla de Siltolá
Sevilla, 2014

    Nadie que hubiera leído Cerrar los ojos para verte (Universos, 2011) podría haber tenido bajas expectativas para el siguiente libro de Rodrigo Olay (Noreña, 1989). Lo último del asturiano, en efecto, no defraudó. La víspera, reciente Premio de la Crítica de Asturias (galardón que ya obtuvo con su primer poemario), ha asentado a Olay como uno de los mejores poetas jóvenes del momento (prueba de ello es su hueco en la antología Re-generación de José Luis Morante).

    No hay un hilo temático definido más allá de la experiencia personal, verídica o falsa ( “Ya sé lo que escribí/ pero mentía”). Aunque predominan los poemas amorosos, también encontramos metapoesía e insistentes miradas a la vida pasada ("y volvían las bicis y ya eran vacaciones/ y de regreso a casa echábamos carreras"). El humor o la sorpresa (claro ejemplo de esto es “Cárcel de amor”), son compañía asimismo a lo largo del libro. Y se agradecen. La más breve composición "El poeta recuerda atribulado un verso de Fernando Ortiz ante la mesita de novedades en la sección de poesía de una céntrica librería", habrá sacado una sonrisa a todo aquel que esté al tanto de los últimos súper-ventas.

    Pero a la altura del fondo está la forma: si en Cerrar los ojos para verte se palpaba un carácter de ejercicio, La víspera es un innegable tour de force. Olay da un paso más en el descubrimiento de su voz en una obra plagada -como la anterior- de referencias veladas y explícitas. Nos encontramos a un ávido lector con maestros como Miguel D'Ors, Ángel González, Víctor Botas, José Luis Piquero, Javier Almuzara o Jorge Luis Borges. Reprochar ciertos ecos a un poeta joven sería prueba de necedad: este conocimiento de la obra ajena -indudablemente amplio- y la reivindicación de la tradición, tan necesaria, son sin duda virtud. Así es, también, el uso de la forma clásica: hallamos haikus, sonetos (destaca "Trabajos de seducción perdidos fue tu vida", que nos trae un recuerdo de Machado), décimas...

    Si bien en algunos poemas el sentir termina por caer en el sollozo vacío o trivial, y en otros los ecos se convierten en el brillo central de la composición -beber de lo conocido es importante, aportar el propio hallazgo es necesario-, los abundantes aciertos sobrepasan los fallos. La víspera es una lectura recomendable y, sobre todo, una promesa: promesa de una voz más personal, promesa de un poeta joven que puede convertirse en mucho y, más que nada, promesa de un próximo libro interesante -¿qué más puede pedirse?


BEAT GENERATION

                      A José Luis Sevillano

Escapar. La carretera.
El Chevrolet. Algún disco
y algún libro. San Francisco.
Lucky Strike. La camarera
de otro bar. La noche entera
despiertos. Ácido. El mar.
Miles Davis. Corea. Aullar
al horizonte. Escribir
porque vamos a morir
pero pudimos amar.

          RODRIGO OLAY

lunes, 1 de febrero de 2016

SELECCIÓN: "Biografía", José Luis Piquero

Tras el pasillo al fresco, la escalera
y el sol que nos bañaba de repente.
Entonces en la hierba el barro se secaba
y no dejaba rastro que no llevase al río.

¿Tú crees que un río nace en cualquier sitio?
Anda tonta -decías.
Y yo no contestaba, sonriendo.

Pues tantas hojas verdes, tanto musgo,
y el sonido del agua entre los chopos,
las voces apagadas bajo el cielo,
el sol en las espaldas y aquella luz tan alta.

Luego acechar la casa desde el puente,
como quien está lejos y recuerda,
mientras la vieja casa subsistía
y yo soy una niña que no existe.

                          JOSÉ LUIS PIQUERO

lunes, 18 de enero de 2016

POEMAS Y POEMARIO

Al igual que mis compañeros Mario Vega y Lorenzo Roal, medito últimamente sobre el concepto de poemario. Coincido plenamente con la reflexión de éste último al respecto del poema como significante parcial:
En su ensayo sobre teoría poética, Dámaso Alonso reevalua y apuntala la semiótica de Saussure incluyendo los significantes parciales que, sobre todo en poesía, completan el estudio del signo de un poema, porque cada uno otorga significados parciales que enriquecen el significado total. Continuando ese pensamiento, aun siendo un significante total el poema, una unidad básica, este a su vez –en mi opinión– puede ser un significante parcial de un orden superior que es el libro.
Un poema debe ser expresión inalterable y precisa de aquello que pretende contar y, por tanto, individualmente necesario y autosuficiente. En consecuencia, la composición que pierde su valor al ser sacada de contexto -de su libro-, careció de valor desde un primer momento. Sin embargo, el valor del poemario no viene determinado únicamente por la suma de las unidades que lo forman, sino también por su correcto orden -temático, temporal, tonal-, acertada selección de citas, y unidad y coherencia generales. El buen poemario estará inacabado mientras no se haya hallado la forma exacta de expresar aquello que debe ser expresado y ningún poema pueda ser añadido o retirado sin desmejorar el conjunto. Es el carácter inamovible, esa expresión precisa que no podría tomar otra forma, lo que determina el libro necesario. Así, lejos de utilizarse el bien del conjunto como justificación para las carencias individuales, este bien exije la calidad de todos los significantes.

Mi propia poesía se ha conjugado en un libro que no termina de encontrar su final y que, con el tiempo y la reflexión, no hace sino reducirse. Recuerdo a menudo un consejo que hace no demasiado me dieron: haz un poema por cada doscientos que leas, y rompe diecinueve de cada veinte que escribas. A pesar de mi frenética producción, que ha alumbrado más de medio millar de composiciones en los últimos tres años, no llegan a treinta las que conforman mi proyecto de poemario. Sin embargo, esta pulcritud me permite un orgullo hasta ahora desconocido.

No niego que me gustaría publicar. Sin embargo, soy cada vez más consciente del poco valor que tendría dar a luz una obra innecesaria. Formar una suerte de biblioteca de Babel, amplia pero cargada de obras vacías y puntuales hallazgos, dejó de ser mi fin hace tiempo. Hoy comprendo que el reconocimiento otorgado por las tapas de un libro, sólo es satisfactorio a corto plazo: la plenitud personal del artista se logra a través de una obra certera.

miércoles, 13 de enero de 2016

Presentación de maremágnum#2

Podéis acceder al artículo completo haciendo click aquí.
Rocío Acebal cerró el acto de presentación, al que asistió sentado entre el público el poeta José Luis García Martín. "Ángel González es inspiración, desde 'Áspero mundo' hasta 'Nada grave", declaró la escritora. Para demostrarlo recitó uno de sus poemas, "Me basta así".

sábado, 2 de enero de 2016

COMPAÑEROS DEL CRIMEN, Gema Palacios


Compañeros del crimen
Gema Palacios
Paralelo, Colección Phnom Penh
Madrid, 2014

Gema Palacios (Zaragoza, 1992) es graduada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid y cuenta con un máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid. A pesar de su juventud, está ultimando su tercer poemario, Treinta y seis mujeres, y ha publicado ya Morada y Plata (Ebediziones, 2013), además del libro que nos ocupa: Compañeros del crimen (Ediciones Paralelo 2014).

   A través de cuatro secciones ("Antecedentes penales", "Cómplices", "Violencia contenida" y "16 veces el crimen"),  nos sumergimos en dos viajes: el camino de niña a mujer, y del conjunto a la persona a través de una piel que va progresivamente diluyéndose. Si bien existen diferencias entre los diversos tramos, fundamentalmente temáticas y de tono, los poemas forman un continuum y un volumen absolutamente cerrado.

    Destacan la cercanía y la franqueza de la obra (siempre me han picado los jerseys de lana / el encaje en las ingles / los hombres que se van cuando les quieres) que, junto al simbolismo que copa numerosos versos, la dotan de un equilibrio complicado pero indudablemente agradable. Lo erótico y lo sexual son recurrentes, atacados desde numerosos puntos de vista, más o menos íntimos en función de su localización en el libro. El amor, tratado habitualmente como forma de libertad y no necesariamente ligado al sexo, y el conocimiento personal, conforman el tridente que sostiene la obra. El lenguaje, si bien parte de un código poético común, gira en torno a un imaginario personal. La autora logra la sensualidad de la palabra a través de un léxico poético pero cotidiano y de un frecuente juego con la ambigüedad y el uso de la metáfora. Otro rasgo característico, que nos remite al conocimiento de otros autores y tradiciones, es el uso del español de argentina (palpable principalmente en la utilización del pronombre "vos").
 
   Encontramos un amplio espectro de imágenes, sazonadas por una visión indudablemente joven y, consecuentemente, rebelde. Aún enlazando con la tradición "femenina" (se cita a Alejandra Pizarnik, por ejemplo), la autora no cae en el hermetismo que en ocasiones ésto conlleva: a través del lenguaje y un trato de la experiencia que permiten mantener la universalidad de sus versos, incluso al tratar temática aparentemente más restrictiva como la masturbación (pero el placer es tan fácil como abrirse y cerrarse / hasta que las fuerzas no), logra una voz indudablemente femenina y, también, comprensible para todos.

    El dominio de la métrica por parte de la autora es evidente, sin embargo, Gema Palacios elige renunciar al esquema tradicional en la mayoría de sus textos, dejándose llevar por su propia intuición rítmica. Esa elección es, precisamente, uno de los pilares de su calidad: contando con un amplio rango de influencias, estilos y conocimiento, elige qué aplicar en cada momento; no rompe por capricho ni, como es frecuente en los poetas de su generación, por ignorancia. Así, y sin apartarse en ningún momento de su propia música, evita la puntuación (no encontramos a lo largo del poemario una sola coma o un punto), que sustituye por una singular disposición del verso sobre el papel, y rompe frecuentemente con la sintaxis. Sin embargo, tras su expresión aparentemente espontánea y casual, se puede apreciar un gran trabajo: ninguna palabra sobra, ni podría aceptar un orden diferente al que posee, nada ha quedado al azar (tal es su control de la concepción musical del poema que, en "Amordeazar", llega a indicar mediante un pie de página la pronunciación necesaria para la palabra "mer").

    A la manera en que la juventud de Gema Palacios resalta aún más la precisión y madurez de su obra, la reciente creación de la editorial Paralelo nos permite sorprendernos por el cuidado y el buen gusto de su edición. Compañeros del crimen incita a una lectura íntima pero en voz alta, para exaltar el ritmo y mantener la atención plena que, sin duda, el libro nos sólo requiere sino que merece.


ENDECAPÉTALOS

soy la noche que va rompiendo flores

       y busca chocolate en la nevera



el pétalo que anhela ser

mordido

                la flor que se convierte en otra

cosa

                la cosa que orquesta en un

estruendo

                la vida que se trunca por el tallo



brindo     y paladeo     y tus ojos

   celebran     el diluvio     la tormenta



   vamos a ver qué hacemos con las uñas



habrá que persistir:

                                  morir aullando.